Se generó un intenso debate sobre los datos económicos presentados por el INDEC, particularmente en lo referente al consumo y los salarios. Mientras algunos argumentaban que las estadísticas muestran una desaceleración en la caída del consumo y una leve mejora salarial, otros defendían que estos datos no reflejan la realidad de la gente común.
Se cuestionó la representatividad de los promedios salariales del INDEC, argumentando que no incluyen a la gran cantidad de trabajadores informales y que los altos sueldos de algunos CEOs distorsionan la media. La sensación generalizada entre los panelistas críticos era que la gente no percibe beneficios tangibles y que el discurso oficial sobre la mejora económica es desconectado de la realidad cotidiana.
Se comparó la situación con un equipo de fútbol que celebra una derrota por un marcador ajustado tras una racha de goleadas en contra, sugiriendo que el gobierno celebra pequeñas mejoras mientras la situación general sigue siendo precaria. La falta de empatía en la comunicación oficial fue un punto recurrente de crítica.