La realidad en los campamentos militares tailandeses dista de los videos promocionales. Se denuncian humillaciones, golpizas severas y castigos corporales. Human Rights Watch ha documentado 21 muertes de reclutas entre 2009 y 2024, siendo el caso del tío de Nari Sarwan, un monje budista fallecido en 2011 tras ser golpeado y torturado, uno de los más emblemáticos.
La autopsia de Nari Sarwan reveló torturas extremas, incluyendo la aplicación de sal en heridas. A pesar de la gravedad de los hechos, la justicia en Tailandia ha sido lenta en abordar estos casos, generando desconfianza en las instituciones.