El intenso calor en Dallas, con temperaturas que alcanzan los 37 grados y una térmica de 43, se ha convertido en un desafío para los aficionados en el Mundial.
Los argentinos presentes en la ciudad buscan desesperadamente refugio y formas de refrescarse, acudiendo a comercios, fuentes y cualquier lugar que ofrezca un respiro del sofocante clima.
La situación climática impacta en la experiencia del torneo, obligando a los asistentes a adaptarse para poder disfrutar del evento en condiciones extremas.