Se argumenta que los verdaderos delincuentes son los hombres y se mencionan casos históricos donde las mujeres fueron utilizadas como instrumentos de poder político, como Eva Perón y la figura de Isabel Perón.
Se señala que figuras como María Julia y Jessica Sirio son utilizadas como "carnada" en esquemas de corrupción, y que la verdadera preocupación debería ser la gran cantidad de dinero que poseen funcionarios como Isaurralde, cuyas propiedades y construcciones no son investigadas.