El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, ordenó acelerar la expansión de su arsenal nuclear y fortalecer las capacidades de defensa nacional. La decisión se da como respuesta a la modernización militar conjunta de Estados Unidos y Corea del Sur, incluyendo la cooperación para desarrollar un submarino nuclear surcoreano, lo cual Pyongyang considera una amenaza directa a su seguridad.
Durante la reunión plenaria del Comité Central del partido, también se aprobaron avances en armamento convencional, como la construcción de un crucero estratégico de 10.000 toneladas y el desarrollo de un submarino de propulsión nuclear de 8.700 toneladas.
El plenario también destacó que Kim ha duplicado la capacidad de producción de armamento en los últimos cinco años. La doctrina norcoreana se mantiene firme: mientras Washington y Seúl profundicen su cooperación militar, Pyongyang seguirá reforzando su disuasión nuclear y naval, consolidando su postura como potencia atómica en la región.