El reportaje aborda la práctica de la gestación subrogada, también conocida como alquiler de vientre, destacando las motivaciones económicas de las mujeres que recurren a ella. Se menciona que algunas mujeres buscan embarazarse para obtener ingresos que les permitan comprar una vivienda, como es el caso de Ana y Nelfi, quienes lograron su objetivo.
A pesar de los beneficios económicos, se señalan las críticas sobre la posible explotación del cuerpo de la mujer. Algunas gestantes expresan sentir una conexión emocional con el bebé durante el embarazo, aunque no se arrepienten de la decisión. Nelfi, quien subrogó a los 36 años, también logró comprar una casa y luego se dedicó a cuidar neonatos y enseñar a nuevos padres, pero admite falencias en el apoyo posparto, especialmente en salud mental.
El proceso en Colombia, donde se sitúa parte del reportaje, generalmente inicia en clínicas de fertilidad o bufetes de abogados que actúan como intermediarios. Estas instituciones reciben la mayor parte del pago de los padres intencionales y distribuyen pagos a la gestante, además de supervisar médicamente el embarazo. Los requisitos para ser gestante incluyen ser mayor de edad, tener un hijo propio, gozar de buena salud y declarar fines altruistas, aunque a veces se realizan evaluaciones psicológicas.