Se argumenta que el gobierno de Milei ha perdido su principal bandera y ya no es el mismo tras el caso Olibra y la persistente polémica en torno a Adorni.
A pesar de las encuestas desfavorables y el daño reputacional, el gobierno parece atrapado en la situación, sin poder separarse de Adorni ni ofrecer explicaciones convincentes.
Se sugiere que la dependencia de Adorni y la falta de transparencia están erosionando la credibilidad del gobierno, incluso si este intenta "remendar" el daño causado.