Una década después del referéndum del Brexit, el Reino Unido busca una reconexión discreta con la Unión Europea sin reabrir heridas políticas internas. Según expertos, aunque institucionalmente se distanciaron, económica y geográficamente siguen unidos.
Se están firmando acuerdos comerciales sectorizados y parciales, así como acuerdos bilaterales en educación, permitiendo a estudiantes británicos acceder a servicios educativos en la UE y viceversa. Esta aproximación discreta revela la timidez del Reino Unido de volver a ser parte de la UE, pero evidencia la imposibilidad de vivir el uno sin el otro.
La salida del Reino Unido también ha fortalecido a la Unión Europea, que aprendió a manejar la ansiedad de perder un miembro importante y logró una mayor cohesión interna. Bruselas se ha fortalecido al enfrentar la ruptura, consolidando su resistencia mientras el Reino Unido se queda con una economía más pequeña y aislada.