Se considera que el nombramiento de Adrián Reiber como nuevo vocero presidencial es un paso para desactivar la "bomba Adorni", ya que el jefe de gabinete no puede comunicar eficazmente debido a las preguntas sobre sus finanzas.
Se argumenta que Adorni cumplía dos funciones, jefe de gabinete y vocero, y que ahora podría dedicarse exclusivamente a coordinar áreas como ministro coordinador, similar a figuras como Capitanich o Alberto Fernández en el pasado.
El presidente Javier Milei parece resistirse a dejar ir a Adorni, creyendo que se trata de una operación de la oposición para desestabilizarlo.