La mítica perla peregrina, con casi cinco siglos de historia, se detalla en su recorrido a través de la realeza española, Napoleón III y finalmente Richard Burton, quien la adquirió para Elizabeth Taylor.
La perla, tras pertenecer a Felipe II y formar parte del joyero de la corona española, fue vendida por Napoleón III. Burton la compró en subasta y Taylor la engarzó en un collar de rubíes y diamantes diseñado por Cartier. Se vendió en 2011 por más de 11 millones de dólares.