La Perla Peregrina, con casi cinco siglos de historia, apareció en Panamá en 1560 y fue comprada por el rey Felipe XVI en 1597, formando parte del joyero de la corona española. Fue usada por Felipe III, Ana de Austria y Margarita de Austria.
El último propietario de la realeza fue Napoleón III. La perla fue vendida para financiar su campaña presidencial. Posteriormente, Richard Burton la adquirió para consentir a Elizabeth Taylor, quien la engarzó en un collar de rubíes y diamantes hecho por Cartier. Tras la muerte de Taylor, se vendió en subasta por 11.800.000 dólares a un comprador anónimo.