Se llevó a cabo una intensa oración de sanación, invocando la autoridad de Jesucristo para expulsar males y dolencias.
Se ordenó la partida de todo mal, aflicción, opresión, y se declararon sanadas diversas condiciones físicas como flebitis, secuelas de caídas, artrosis, artritis, entre otras.
La oración se caracterizó por un tono imperativo y de exigencia, manifestando la creencia en el poder de Dios para erradicar enfermedades y restaurar la salud.