Se comparó la situación de Florencia Peña con una falsa acusación de pedofilia que tuvo en el pasado, argumentando que una cosa es ser acusado de un delito y otra cometer un error grave.
Se cuestionó la similitud entre ambos casos, sugiriendo que no se debería magnificar el error de Peña, especialmente considerando que ella misma no buscó el conflicto. Se planteó que la reacción mediática y las consecuencias pueden variar según la naturaleza de la falta.