Se relata la historia de Ana, una mujer estéril que sufría anualmente por su condición, lloraba y no comía, con el espíritu entristecido y el corazón afligido.
Se compara esta situación con personas en iglesias que participan en cultos, entregan ofrendas y repiten promesas, pero que aún así pueden experimentar lo mismo, sugiriendo que algo no está funcionando para su liberación.