Se reflexiona sobre la naturaleza de la idolatría, yendo más allá de la adoración a imágenes. Se define como ídolo "todo lo que en nuestro corazón esté antes que Dios o a la altura de Dios". Se mencionan ejemplos como personajes de series, esposos, hijos, equipos de fútbol.
Se enfatiza que Jesucristo, el Hijo del Dios viviente, debe ser el "ídolo verdadero" y ocupar el primer lugar en el corazón. Se advierte que cualquier otra cosa que compita por ese lugar es idolatría, incluso la familia o las posesiones dadas por Dios.
Se insta a buscar primero a Dios, prometiendo que las demás cosas serán añadidas por añadidura. Se concluye que el verdadero ídolo debe ser Jesucristo, y que ponerlo en primer lugar garantiza que lo demás vendrá en su tiempo y voluntad.