El interés de Estados Unidos por Groenlandia, impulsado por Donald Trump, se basa en su importancia estratégica en el Ártico, especialmente ante el avance de Rusia y China en la región. Expertos como Julian Echewatt señalan la necesidad de reforzar la seguridad y no quedarse atrás en la carrera por el control de esta zona clave.
La historia de las relaciones entre EE.UU., Dinamarca y Groenlandia se remonta a intentos previos de adquisición y a la Segunda Guerra Mundial, cuando la isla se convirtió en un punto estratégico para las bases militares estadounidenses. Tras la guerra, EE.UU. intentó comprarla, pero Dinamarca rechazó la oferta.
Durante la Guerra Fría, la posición de Groenlandia fue crucial para la defensa antimisiles y la vigilancia, lo que llevó a la instalación de bases militares. La reciente declaración de Trump sobre la necesidad de poseer Groenlandia ha reavivado tensiones y preocupaciones tanto en la isla como a nivel internacional.