Se expone el principio de que Dios va donde es invitado, pero se queda donde es honrado, contrastando la experiencia en la casa de Simón con la de Marta, María y Lázaro, donde Dios iba frecuentemente.
Se advierte que pequeños descuidos pueden permitir el retorno de "antiguos males" y la pérdida de la paz, incluso en un ambiente de santidad y escucha de canciones cristianas.