La crisis en Cuba se agrava debido a la escasez de combustible, afectando severamente el transporte público de pasajeros. Las restricciones impuestas por Estados Unidos han llevado a que las frecuencias de los colectivos se reduzcan drásticamente, pasando de dos o tres veces por semana a cada 16 días.
Los asientos en el transporte público ahora son limitados y reservados principalmente para personal esencial como médicos. Los ciudadanos que necesiten viajar por motivos laborales o personales deben solicitar un asiento con una semana de antelación, sin garantía de obtenerlo.
Las autoridades priorizan el uso de estos asientos para emergencias médicas o funerales, y los pasajeros requieren credenciales especiales. La falta de combustible no solo paraliza los vehículos, sino que limita la capacidad de la sociedad cubana para moverse, trabajar y mantener su vida cotidiana.