El cambio climático está provocando una drástica disminución del hielo marino en el Ártico, lo que podría llevar a veranos sin hielo en las próximas décadas. Esto abre la posibilidad de rutas de navegación y comercio más cortas, pero también aumenta el riesgo de actividades hostiles.
El derretimiento del hielo ártico tiene un efecto de retroalimentación que acelera el calentamiento global, ya que el agua y la tierra absorben más luz solar. Científicos como Paul Biermann expresan preocupación por estas consecuencias.
Aunque el deshielo presenta oportunidades económicas para el comercio y la reducción de costos, también genera inquietud por la militarización de la región y la competencia por los recursos, especialmente ante el interés de potencias como Rusia y China.