El gobierno adjudicó la hidrovía a la empresa belga Yandé Nul, en una licitación marcada por sospechas de corrupción y objeciones. Esta adjudicación representa un punto clave para el comercio exterior argentino, ya que por este canal circula el 80% de las exportaciones del país.
La licitación, una de las más grandes de la historia con una facturación anual estimada de 630 millones de dólares, se extendió por 25 años. La empresa adjudicataria, Yandé Nul, opera en la vía navegable troncal desde hace 35 años, pero enfrenta cuestionamientos sobre sus vínculos con funcionarios de la Casa Rosada.
El proceso de impugnación se inició desde la confección de los pliegos. La primera licitación, durante el gobierno de Javier Milei, terminó con denuncias cruzadas. La empresa Deme, que perdió la segunda licitación, denunció que se les impidió competir con un precio menor al establecerse un precio de piso en lugar de techo, lo que, según ellos, encarecerá el costo para los argentinos.
Además de las sospechas sobre los pliegos y los vínculos políticos, preocupa la habilitación de subcontratos que podrían beneficiar a "amigos del poder" y conexiones locales de la empresa Yandé Nul en la zona del Gran Rosario.