Se observa una sorprendente resignación en los pasajeros del Tren Roca ante las constantes fallas del servicio. A pesar de los inconvenientes, la gente parece acostumbrada a viajar en malas condiciones y a ser maltratada.
El cronista expresa su análisis personal sobre esta apatía colectiva, cuestionando por qué los usuarios aceptan esta situación sin exigir mejoras sustanciales.
Se enfatiza la necesidad de invertir en el transporte público y escuchar las demandas de la gente para evitar que la situación empeore y se repitan tragedias.