Se reflexiona sobre la importancia de la prudencia y el sentido común al comunicar, incluso en situaciones delicadas. Se compara la dinámica de las mesas familiares, donde se evitan ciertos temas para no molestar, con la responsabilidad de los medios.
Se sugiere que, ante la incertidumbre o la gravedad de una noticia, la decisión más sensata es ser cauto y no difundir información sin antes verificarla adecuadamente. Se pone en duda la veracidad de las fuentes citadas por algunos periodistas.