El segmento se centra en el poder transformador del Espíritu Santo, comparando la fe de los primeros creyentes con la de la actualidad.
Se enfatiza que la clave para un avivamiento y un ministerio fructífero reside en la dependencia total del Espíritu Santo, no en las capacidades humanas, títulos académicos o influencia social.
Se narra cómo el apóstol Pablo atribuía sus milagros y predicaciones al poder del Espíritu Santo, y se menciona el caso del evangelista Moody, quien se entregó completamente al Espíritu para lograr un gran impacto.
Se hace un llamado a la rendición total a Dios y a confiar en el Espíritu Santo para superar limitaciones personales y ver la obra de Dios manifestada en la vida de cada creyente, citando ejemplos bíblicos como Moisés, Ezequías y David.
Finalmente, se invita a un Congreso Internacional de Familias Bendecidas, destacando la importancia de la presencia del Espíritu Santo para una vida abundante y la transformación de las familias.