Carla fue despedida de su trabajo como cadete en un polirubro tras hacer público su testimonio sobre Malibú.
Su empleador, reconociendo su voz, expresó temor por las repercusiones y le comunicó que debía tomar una "pausa" en su trabajo hasta que la situación se calmara, lo que en la práctica significa su despido.
Carla se siente frustrada y considera que, al salir a hablar, se le cierra la posibilidad de trabajar, sintiendo que "todos complotan" en su contra.