La predicación en las calles debe centrarse en el Evangelio, definido como "buenas noticias" y el poder de Dios para la salvación, y no solo en la invitación a eventos religiosos o en la promesa de milagros.
Se aclara que el Evangelio no es una religión, sino el mensaje de la obra de Jesucristo, que tiene el poder de transformar vidas y ofrecer un destino eterno.
El mensaje subraya que la salvación no se obtiene por méritos propios o por portarse bien, sino únicamente a través de la fe en Jesucristo.