El Banco de Japón ha subido sus tasas de interés por primera vez en años, elevándolas a un 1% en un intento por controlar las presiones inflacionarias derivadas de la crisis energética. Esta medida marca un cambio significativo para un banco central históricamente conservador.
Aunque la tasa sigue siendo baja en comparación internacional, representa un nivel no visto en Japón desde 1995. La economía japonesa, dependiente de combustibles importados, se enfrenta a una generalización del aumento de precios.
El Banco de Japón monitoreará de cerca el impacto de la situación en Oriente Medio en los mercados financieros y la economía para futuras decisiones de política monetaria.