Irán ejecutó a dos hombres condenados por su participación en protestas antigubernamentales ocurridas a finales de 2025 y principios de 2026.
La justicia iraní los consideró responsables de disturbios violentos, acciones contra el orden público, corrupción en la tierra y guerra contra Dios. Las ejecuciones ocurren en un contexto de fuerte represión y cuestionamientos de organismos internacionales de derechos humanos.