Se cuestiona la postura de Víctor Hugo Morales, quien califica los mundiales como una "banalidad" y un "show marquetinero", sugiriendo que elementos como Shakira tienen más importancia que los jugadores.
Se argumenta que el fútbol en sí mismo es atractivo y no necesita de magnificencia adicional. La crítica se enfoca en la idea de que se le da demasiada importancia al negocio y al espectáculo en detrimento del juego en sí.