María Angélica reflexiona sobre la presencia humana en la Antártida, destacando que son los científicos quienes han establecido presencia en lugar de militares o mineras. Señala que, aunque la Antártida no pertenece a nadie, cada país se arroga un territorio.
Explica que el Tratado Antártico, impulsado por figuras como el diplomático Julio Escudero, busca mantener el continente dedicado a la paz y la ciencia, prohibiendo actividades militares, minería y explotación petrolera.
Se menciona la existencia del Comité Científico Antártico (SCAR), que agrupa a países con investigación en la zona y define temas prioritarios como el cambio climático y la flora antártica.