Volkswagen, a pesar de haber invertido 3.800 millones de dólares para adaptar su planta en Tennessee a la producción de vehículos eléctricos (VE), ha detenido la fabricación del modelo ID4 en esa planta, registrando pérdidas de 500 millones de euros.
La empresa declara estar comprometida con la electrificación a largo plazo en Estados Unidos, pero ha tenido que ajustar la producción a la demanda. Este giro conlleva el riesgo de perder terreno frente a otros fabricantes que ganan cuota de mercado en el sector de VE.
Mientras Volkswagen apuesta por el motor de combustión en EE.UU., otros fabricantes globales como Kia ven crecer sus ventas de VE. Honda se enfoca en híbridos, considerados un paso hacia el auto eléctrico, y Toyota ha mantenido una postura conservadora pero ha visto crecer sus ventas generales.