Se abordó la adopción de tecnología por parte de productores agropecuarios, reconociendo que algunos pueden sentirse "mareados" ante la variedad de opciones. El INTA trabaja para mostrar las herramientas disponibles y cómo aprovecharlas, especialmente los datos que a menudo se encuentran dispersos.
Se destacó la importancia de la convergencia de tecnologías (datos de campo, drones, satélites) para generar valor diferencial. Para el productor, la clave es que la tecnología facilite la vida y mejore la calidad productiva, evitando que se convierta en una carga. La filosofía es que si una tecnología complica, no es la adecuada.
Se enfatizó la necesidad de paciencia en el aprendizaje de nuevas herramientas, ya que algunas integraciones requieren tiempo de dedicación. Sin embargo, una vez que se domina la tecnología, se empiezan a ver resultados positivos a corto plazo, como la mejora en la rentabilidad y la planificación. La máxima es que cuanto más invisible es la tecnología, mejor funciona, integrándose de forma natural en la rutina diaria del productor.