Un robo a mano armada tuvo lugar en un kiosco, donde un delincuente ingresó simulando ser un cliente.
El sujeto, tras pedir una bolsa para sus compras, extrajo un arma y amenazó al empleado, exigiéndole la recaudación y los teléfonos celulares. Incluso obligó al empleado a desbloquear los dispositivos para acceder a billeteras virtuales y realizar transferencias de dinero.
La tranquilidad con la que actuó el delincuente, transformándose de cliente a ladrón en segundos, generó sorpresa. La exhibición del arma, que podría haber sido una réplica pero que infundió temor, y la posterior fuga con el botín, evidencian la audacia del asaltante.