Se debate la influencia de la globalización en el fútbol, cuestionando si el negocio está primando sobre el deporte y la cultura.
Se argumenta que la globalización económica trae consigo una globalización cultural, pero se critica que en el fútbol esto se manifiesta como una "trampa" y no como un intercambio genuino.
Se pone en duda la representatividad de selecciones como la de Marruecos, donde la mayoría de los jugadores no nacieron en el país, y se compara con la situación de Francia, sugiriendo que la composición de los equipos se aleja del concepto de representar naciones.