Se debate la creciente influencia del negocio en el fútbol, argumentando que está perjudicando el espíritu deportivo.
Se critica la composición de algunas selecciones, como la de Marruecos y Francia, que incluyen jugadores nacidos o con raíces en otros países, sugiriendo que esto desvirtúa el concepto de representar a una nación.
Se menciona la FIFA como administradora de este negocio y se cuestiona cómo las reglas y la expansión del formato del mundial responden a intereses económicos más que deportivos.