Ana entra en la antigua oficina de Boris, el tercer esposo de Katherine, donde se exhiben valiosas pinturas de Renoir y Cezanne. Katherine le explica que Boris falleció el año pasado y que le heredó las pinturas, las cuales ella considera oscuras.
Ana discrepa, argumentando que las pinturas retratan amor, lo que lleva a Katherine a reflexionar sobre la posibilidad de que su esposo fuera un romántico, a pesar de ser ruso.