Se afirma que, a pesar de las dificultades, el amor marital siempre traerá bendición si se decide recrearse en él. Se reitera que seguir los designios de Dios asegura la bendición, aunque no necesariamente de la forma esperada.
Se menciona que Dios aprueba todo lo romántico y novedoso en el matrimonio que despierte los sentidos. Se advierte que la intimidad sexual no puede darse si existen enojos, discusiones o falta de higiene, y que el tiempo no soluciona estos problemas, sino que los agrava.