Marta relata que, a pesar de haber recibido todo de Dios, incluyendo numerosos viajes (cruceros, Israel, Templo de Salomón) y comodidades materiales, su comunión principal es con Él.
Asegura que la prosperidad proviene de Dios y se manifiesta a través de la entrega y perseverancia de la persona, incluso ante condiciones adversas como la lluvia o el frío.
Menciona que no se priva de nada y que Dios le ha abierto puertas de manera excepcional, permitiéndole disfrutar de una vida digna tras haber superado la deuda y la miseria.