Se exponen los deseos de la naturaleza pecaminosa y sus consecuencias, como la inmoralidad sexual y las pasiones sensuales, pero se afirma que quienes pertenecen a Cristo han crucificado estas pasiones en la cruz.
Se insta a vivir para Cristo, reconociendo la nueva creación y crucificando la vieja naturaleza. Se enfatiza que la nueva creación en Cristo debe manifestarse en la vida sexual, y se llama a la iglesia a mantener la santidad en lugar de adoptar los parámetros permisivos del mundo.