El inquilino Ángel (también identificado como Juan Pablo) relata su versión del conflicto de alquiler, afirmando que le quisieron aumentar el precio de 600.000 a 900.000 pesos de un mes a otro para poder usar el quincho y la pileta, lo cual no estaba pactado. Ante la negativa de pagar el nuevo monto y su propuesta de pagar de a poco, la dueña le habría dicho que se vaya.
Ángel también acusa a la dueña, Solange, de haberle robado 10 millones de pesos de sus ahorros, guardados en un cajón de su habitación, el mismo día que ella ingresó a la propiedad. Asegura que tenía el mes de noviembre pago y que la dueña le exigió que se fuera, mientras que la dueña sostiene que el inquilino no pagó el alquiler y que ella ingresó solo al jardín y no a la vivienda.
La situación se complica por la falta de un contrato firmado y la dependencia de acuerdos verbales y mensajes de WhatsApp. Ángel menciona que ha estado seis meses en la casa sin pagar alquiler, argumentando que está esperando la resolución judicial y que ha tenido problemas de salud que le impidieron asistir a citaciones. La abogada de Solange, Aldana Pascual, intenta mediar, pero las partes parecen irreconciliables.