Se advierte que en el reino de Dios no tendrán parte quienes practiquen pecado sexual, adulterio o tengan relaciones homosexuales, según las escrituras.
Se presenta la buena noticia de la transformación que opera el Evangelio de Dios, donde la gracia y la nueva creación implanta una nueva naturaleza. Cristo hace de nuestro cuerpo su morada, y debemos valorar lo que Él ha hecho en nuestras vidas, resistiendo la tentación y apreciando la nueva creación.