Se narra la historia de Daniel, quien atraviesa el peor momento de su vida, sintiéndose desesperado y ansioso, al borde del suicidio.
Su situación económica era crítica, viviendo en una casilla precaria y con incertidumbre sobre la comida diaria. La pérdida de su trabajo agravó la situación, llevándolo a robar comida de ofrendas de curanderos para alimentar a su familia.
Como consecuencia de consumir esta comida, su familia enfermó gravemente, falleciendo su esposa e hijos, quedando solo con una hija y un bebé. La desesperación lo llevó a contemplar el suicidio.