El mensaje central es la importancia de no abandonar el "lugar secreto" de la intimidad con Dios, ya que al postergar estos encuentros, uno se perjudica a sí mismo al no aprovechar los recursos divinos.
Se advierte que dejar los tiempos con Dios a la "espontaneidad" o "cuando se dé" es un error que entristece a Dios, no por nosotros, sino porque nos lleva a desaprovechar bendiciones inminentes debido a la pereza espiritual.
Se enfatiza que el tiempo no invertido en Dios se siente como una pérdida, privándonos del deleite en su presencia, de la oportunidad de santificar nuestras vidas y de recibir su guía y protección.