El ajuste económico implementado por el gobierno de Javier Milei está teniendo un fuerte impacto en el consumo de los argentinos. El 70% de la población ha recortado sus gastos en alimentos básicos.
La gente se ve obligada a optar por segundas y terceras marcas, reducir el consumo de productos como la leche y la carne, e incluso dejar de comprar ciertos alimentos para poder llegar a fin de mes. El asado, tradicionalmente un plato de domingo, se ha vuelto un lujo inaccesible para muchos.
La inflación, aunque el gobierno la presente como controlada (2,1% en mayo), no se refleja en el bolsillo de la gente. La brecha entre los datos oficiales y la realidad cotidiana es cada vez mayor, generando desconfianza y malestar en la población.