Se aborda el tema de la "decadencia del Espíritu Santo" y el "enfriamiento espiritual", comparándolo con el clamor del alma por las aguas descrito en el Salmo 42. Se menciona que la palabra de Dios es vida, como ríos que corren.
Se advierte sobre el peligro de quedarse "conforme" o tener solo un "cosquilleo espiritual", ya que Dios tiene mucho para dar. Se recuerda la celebración de Pentecostés, enfatizando que este espíritu está dentro de cada creyente.
Citando al apóstol Pablo a Timoteo, se hace un llamado a "avivar el fuego del don de Dios", instando a no dejar que el espíritu se enfríe o decaiga.