Julieta, actuando como comisionista, lleva a Leiva Joyas un Rolex de acero sin papeles, unos aritos de rubíes, brillantes y zafiros de oro blanco, y monedas chilenas, canadienses y cubanas para tasar. También trae un anillo de oro blanco con brillantes y zafiros que fue mandado a agrandar, y otro anillo de oro blanco con brillantes y piedras cabujón.
La tasadora informa que el Rolex se cotizará por el metal al no tener papeles ni caja. Los aritos y el anillo con piedras legítimas se valorarán adecuadamente, mientras que el otro anillo se cotizará solo por el metal al no ser sus piedras originales. Las monedas se cotizarán por separado debido a su valor numismático.