En Venezuela han resurgido las protestas sociales, con trabajadores exigiendo mejoras laborales, adultos mayores clamando por pensiones justas y madres pidiendo la liberación de sus hijos, a quienes consideran presos políticos. Estas manifestaciones ocurren en un contexto donde, según los activistas, el gobierno de Delcy Rodríguez, quien asumió tras la captura de Nicolás Maduro, se cuida del costo político de reprimir.
Históricamente, la represión bajo el gobierno de Maduro dejó cientos de muertos, y tras su reelección en 2024, las protestas fueron sofocadas mediante arrestos masivos. La situación actual, sin embargo, parece diferente, con una percepción de menor temor entre la población, quienes se sienten con más fuerza y valor para manifestarse.
El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social reporta un aumento del 144% en las manifestaciones durante el primer trimestre del año. Los reclamos incluyen fallas en servicios públicos, mejoras salariales y la exigencia de elecciones presidenciales. A pesar de la aparente apertura, existe incertidumbre y desconfianza, ya que se percibe que algunas puertas que se abren luego se cierran con mayor fuerza.