Se cuestiona la falta de condolencias del gobierno ante el fallecimiento de un ídolo popular, tildándolo de hipócrita. Se argumenta que el ídolo predicó una cosa y vivió de otra, defendiendo a una "banda de delincuentes" y a una "presidiaria".
Se sostiene que el gobierno no tiene obligación de hacer nada, pero sí de respetar a los artistas opositores, a diferencia de lo que, según el argumentante, hacía Perón. Se menciona que Tecnópolis fue rechazado como lugar para el evento.