En Brasil, el "Gurufín" se mantiene como una tradición funeraria festiva, heredada de los africanos esclavizados, que combina el duelo con la alegría, la comida y el baile para honrar a los difuntos.
En Río de Janeiro, la escuela de samba Portela despidió al compositor Nócara Portela, figura emblemática de la música brasileña, con un Gurufín. La ceremonia se convirtió en un homenaje festivo, cumpliendo el deseo del sambista de ser velado en la sede de su escuela.
El Gurufín tiene sus orígenes en la cultura de los pueblos bantú y se caracteriza por transformar el duelo en danza y música. La tradición se extiende más allá de la samba, como se evidenció en el velorio del músico Hermeto Pascual, donde la música instrumental se convirtió en un festejo.
Para algunos historiadores, "gurujín" proviene del idioma bantu o kimbundu y significa "adiós". Otros lo asocian a un juego de trabalenguas practicado en velorios para aliviar la tensión.