Se explicó que el desierto es un lugar preferido por Dios para formar líderes, y que no se debe huir de él. Se advirtió que el sufrimiento en el desierto puede ser por disciplina divina o consecuencia del pecado.
Señaló que Dios lleva a las personas al desierto para transformarlas, prepararlas para un nuevo ministerio o misión, y que se entra y sale de él de la mano del Señor. Cuando Dios trabaja en y a través de nosotros, se sale fortalecido.
Se hizo hincapié en la diferencia entre sufrir por disciplina divina y sufrir por causa del pecado. Si el desierto es resultado de un pecado, el cielo se cierra, Dios no habla y hay consecuencias negativas, como le ocurrió a Saúl. En cambio, si Dios lleva a alguien al desierto para prepararlo, hay presencia divina, unción y revelación.