El gobierno de Lula da Silva en Brasil impulsa una reforma laboral para reducir la semana laboral de seis a cinco días y las horas semanales de 44 a 40, buscando reducir el descanso a dos días.
La iniciativa, ya presentada sin éxito anteriormente, ahora está en discusión en el Senado tras ser avalada por la Cámara de Diputados. El presidente del Senado, David Alcolumbre, se reúne con líderes partidarios para analizar la propuesta.
La reforma afecta principalmente a profesiones de bajos salarios y tiene un fuerte apelo social. Sectores empresariales y del Congreso conservador temen un aumento del costo laboral y un impacto negativo en el crecimiento económico.
Existe conciencia de que la reforma tiene alta aceptación en las clases trabajadoras, por lo que rechazarla podría beneficiar electoralmente a Lula en las próximas elecciones. El asunto es polémico y delicado.